Vivimos en una sociedad en la que la mentira y el engaño son muy comunes y muchas veces se perciben como algo normal. Falsificaciones, corrupción, encubrimientos o infidelidades están constantemente presentes en el día a día, reforzando la idea de que mentir no tiene gran importancia ni conlleva consecuencias. La sinceridad parece ser un valor en decadencia que sin embargo es necesaria y vital para una buena convivencia.